Que maravillas ocurren cuando vuelves tu mente hacia el corazón. Qué extraña magia sucede cuando pasas del más profundo sufrimiento a la exquisita aceptación de todo lo aparente.

¿Cuánto tiempo has de pasar en el inexorable abismo de tu soledad para tomar la decisión?

Deja de hacerte pequeño a ti mismo, no te lo mereces. Eres un ser amoroso y libre. Tan extremadamente bello como una flor; tan inmensamente fuerte como la tormenta.

No te midas por lo que te han dicho que eres ni por lo que esperan de ti. Deja de buscar la aprobación del otro, no te ames a través de su mirada.

Eres la inmensidad del universo. La infinita compasión que permite la vida. La sagrada luz que alumbra todas las cosas.

El amor es tu señal de nacimiento, no lo busques en el otro.

No importa todo lo que hayas pasado, ni las heridas sufridas. No importa el miedo que hayas sentido.

Toda la fuerza, toda la luz, todo el amor… tómalos, son tuyos, te pertenecen. Mira en el centro de tu pecho. Suelta toda la tensión que atenaza con las garras de la ilusión tu libertad, y vuela libre.

Alza alto tu vuelo para que contemplemos todos tu inmensidad y podamos decir: Mira, ahí va uno que logró conocerse a sí mismo.

Ahí va uno que superó el miedo para ser quien es.